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Das neue Meditationshandbuch - Espagnol - Nuevo manual de meditación

Meditaciones para una vida feliz y llena de significado

Format: Kart. / TB
ISBN: 84-933148-5-4
Detail: 210 páginas, 1ª edición - septiembre 2005
Preis: 8.95 €  
 
Erhältliche Formate
Kart. / TB

Kapitel 1 - Einführung

     
El Nuevo manual de meditación es una guía práctica para la meditación. En él se nos enseña a ser felices y a hacer felices a los demás. Aunque deseamos ser felices en todo momento, no sabemos cómo lograrlo y a menudo acabamos con nuestra felicidad enfadándonos y generando otras perturbaciones mentales. El maestro budista Shantideva dice:
«[...]
y aunque desean la felicidad,
debido a su ignorancia la destruyen como si fuera su enemigo». 

Creemos que con solo mejorar las condiciones externas podemos ser verdaderamente felices. Motivados por esta creencia, numerosos países han conseguido notables progresos materiales. Sin embargo, como podemos comprobar, esto no nos hace realmente felices ni reduce nuestros problemas, sino que por el contrario nos causa más contrariedades, sufrimiento y nos hace correr grandes riesgos. Debido a que hemos contaminado el medio ambiente, el agua y el aire, nuestra salud se está deteriorando y las enfermedades se extienden por todo el mundo. Nuestras vidas son más complicadas, somos más infelices y tenemos más preocupaciones. Ahora tenemos más problemas y corremos más riesgos que nunca. Esto demuestra que no es posible ser felices mejorando solo las condiciones externas. Por supuesto que necesitamos cubrir nuestras necesidades básicas, pero las condiciones externas solo pueden hacernos felices si tenemos una mente apacible. De lo contrario, nunca seremos felices aunque las condiciones externas sean perfectas. Si, por ejemplo, nos estamos divirtiendo en una fiesta con nuestros amigos y nos enfadamos, de inmediato dejamos de ser felices. Esto se debe a que el enfado perturba nuestra paz interior.

Sin paz interior no hay verdadera felicidad. Cuanto más controlemos nuestra mente, más aumentará nuestra paz interior y más felices seremos. Por lo tanto, el verdadero método para ser felices es controlar nuestra mente. De este modo, en particular si controlamos el enfado, el apego y sobre todo el aferramiento propio, nuestros problemas desaparecerán, disfrutaremos de profunda paz interior y seremos felices en todo momento. Puesto que los problemas, el sufrimiento y la infelicidad no existen fuera de la mente, sino que son sensaciones, forman parte de nuestra mente. Por lo tanto, la única manera de solucionar nuestros problemas de manera permanente, ser verdaderamente felices y hacer felices a los demás es controlando nuestra mente.

Las prácticas de meditación que se presentan en este libro son los métodos propiamente dichos para controlar la mente. Puesto que cada persona tiene diferentes deseos y capacidades, se incluyen diversas prácticas de meditación. Al principio debemos elegir el nivel con el que nos sintamos más cómodos y mejorar nuestra comprensión y familiaridad para después ir avanzando de manera gradual a niveles más elevados. Si practicamos regularmente estas meditaciones con paciencia y entusiasmo, alcanzaremos la meta última de nuestra vida humana.

¿Cuál es la meta última de nuestra vida humana? ¿Qué es para nosotros lo más importante para ser felices? ¿Es acaso tener un cuerpo atractivo o mucho dinero, una buena reputación, fama y poder o una vida excitante y llena de aventuras? Es posible que pensemos que si encontrásemos un lugar adecuado para vivir, tuviésemos grandes posesiones, un buen trabajo, buenos amigos y el compañero ideal, es decir, si todo fuera perfecto, seríamos verdaderamente felices. En consecuencia, invertimos todo nuestro tiempo y energía en intentar reorganizar el mundo para alcanzar estos objetivos. En ocasiones lo logramos, pero solo en cierta medida y de forma temporal. Por mucho que consigamos crear las condiciones externas aparentemente perfectas, siempre encontraremos inconvenientes y nunca podrán proporcionarnos la felicidad duradera que tanto deseamos. Si el principal objetivo de nuestra vida es encontrar la felicidad en las condiciones externas, tarde o temprano nos sentiremos decepcionados porque ninguna de ellas podrá ayudarnos en el momento de la muerte. Como fin, en sí mismos, los logros mundanos son vacíos, no constituyen la verdadera esencia de nuestra existencia humana.

En el pasado, cuando los seres humanos tenían más méritos, se dice que existían gemas que podían colmar deseos. Sin embargo, estos objetos mundanos tan valiosos solo concedían felicidad contaminada, y no la felicidad duradera que surge de una mente pura. Además, las gemas que colman todos los deseos solo lo hacían durante una vida, y no eran capaces de proteger a sus dueños en sus vidas futuras. Por lo tanto, en realidad incluso estas joyas también nos decepcionan.

Lo único que nunca nos va a decepcionar es el logro de la iluminación total. ¿Qué es la iluminación? Es la sabiduría omnisciente libre de apariencias equívocas. Aquel que posee esta sabiduría es un ser iluminado, un Buda. Con excepción de los Budas, todos los demás seres tienen apariencias equívocas en todo momento, día y noche, incluso en sueños.

Todo lo que percibimos aparece como si existiera por su propio lado, y esta apariencia es equívoca. Percibimos el yo y lo mío como si existieran por su propio lado y nos aferramos a estas apariencias con intensidad creyendo que son ciertas –esta es la mente ignorante de aferramiento propio–. Como resultado, cometemos acciones perjudiciales que nos causan sufrimiento, y esta es la razón principal de que no seamos felices. Los seres iluminados se han liberado por completo de las apariencias equívocas y de los sufrimientos que estas provocan.

Solo el logro de la iluminación puede colmar nuestro profundo deseo de disfrutar de felicidad pura y duradera, ya que no hay nada en este mundo impuro que pueda hacerlo. Cuando nos convirtamos en un Buda completamente iluminado, disfrutaremos de la paz profunda y duradera que procede de la cesación permanente de nuestras perturbaciones mentales y de sus impresiones. Nos habremos liberado de todas las faltas y obstrucciones mentales y poseeremos las cualidades necesarias para ayudar de manera directa a todos los seres sintientes. Entonces, nos convertiremos en un objeto de refugio para todos los seres.

Si comprendemos esto, podremos ver con claridad que el logro de la iluminación es la meta última y lo que da verdadero sentido a nuestra preciosa vida humana. Puesto que nuestro deseo principal es ser felices en todo momento y liberarnos por completo de todas las faltas y sufrimientos, hemos de generar la intención sincera de alcanzar la iluminación. Para ello, debemos pensar lo siguiente: «Tengo que alcanzar la iluminación porque en este mundo impuro no existe la verdadera felicidad».

¿QUÉ ES LA MEDITACIÓN?

La meditación es la mente que se concentra en un objeto virtuoso, y es la causa principal de la paz mental. La práctica de la meditación es un método para familiarizar nuestra mente con la virtud. Cuanto más nos familiaricemos con la práctica de la virtud, de mayor paz y tranquilidad disfrutaremos. Cuando nuestra mente está serena, dejamos de tener preocupaciones y problemas, y experimentamos verdadera felicidad. Si cultivamos una mente tranquila y apacible, gozaremos de felicidad continua aunque tengamos que enfrentarnos con las circunstancias más adversas. En cambio, si carecemos de paz mental, por muy agradables que sean las condiciones externas que nos rodean, no seremos felices. Por ello, es de suma importancia que nos adiestremos en la meditación.

Cada vez que meditamos estamos realizando una acción que nos hará experimentar paz interior en el futuro. Normalmente tenemos perturbaciones mentales, lo opuesto a la paz interior, día y noche durante toda la vida. No obstante, en ocasiones gozamos de paz interior de forma natural. Esto se debe a que en vidas pasadas nos concentramos en objetos virtuosos. Un objeto virtuoso es aquel que apacigua nuestra mente cuando nos concentramos en él. Si como resultado de concentrarnos en un objeto generamos una mente desapacible, como el enfado o el apego, significa que es perjudicial para nosotros. También hay objetos neutros que no son virtuosos ni perjudiciales.

La meditación puede ser de dos tipos: analítica o de emplazamiento. La meditación analítica consiste en contemplar el significado de cualquier enseñanza espiritual que hayamos leído o escuchado. La contemplación profunda de esta enseñanza nos conducirá a una conclusión definitiva o a generar un determinado estado mental virtuoso. Esta conclusión o estado mental virtuoso será el objeto de la meditación de emplazamiento. Entonces, nos concentramos de manera convergente en esta conclusión o estado virtuoso sin distracciones durante tanto tiempo como podamos para familiarizarnos por completo con él. Esta concentración convergente es la meditación de emplazamiento. El término contemplación suele utilizarse para referirse a la meditación analítica, y meditación, a la meditación de emplazamiento. La meditación de emplazamiento depende de la meditación analítica, y esta, de la escucha o lectura de las enseñanzas espirituales.

BENEFICIOS DE LA MEDITACIÓN

El propósito de la meditación es pacificar y calmar la mente. Como se mencionó con anterioridad, cuando nuestra mente está serena, dejamos de tener preocupaciones y problemas, y disfrutamos de verdadera felicidad. En cambio, si carecemos de paz mental, por muy agradables que sean las condiciones externas que nos rodean, no podemos ser felices. Si nos adiestramos en la meditación, iremos descubriendo mayor paz en nuestro interior y disfrutaremos de una felicidad cada vez más pura. Finalmente, gozaremos en todo momento de felicidad, aunque tengamos que enfrentarnos con las circunstancias más adversas.

Por lo general, nos resulta difícil controlar nuestra mente. Es inestable y vulnerable a las circunstancias externas, como un globo a merced de los caprichos del viento. Si conseguimos nuestros objetivos nos ponemos contentos, pero en caso contrario nos enfadamos. Por ejemplo, si conseguimos lo que queremos, como nuevas posesiones, un trabajo mejor remunerado o una pareja, nos alegramos en exceso y nos aferramos a ello con intensidad, pero como no es posible cumplir todos nuestros deseos y es inevitable que algún día habremos de separarnos de nuestras posesiones y amigos y dejar nuestro trabajo, este apego solo nos causa sufrimiento. Cuando no logramos lo que deseamos o perdemos algo que nos pertenece, nos enfadamos y desanimamos. Cuando tenemos que trabajar con una persona que nos resulta desagradable, nos ponemos de mal humor y nos ofendemos a la menor ocasión; como consecuencia, dejamos de ser eficaces en nuestro trabajo y de encontrar satisfacción en él, y padecemos estrés.

Sufrimos estos cambios en nuestro estado de ánimo porque nos involucramos demasiado en las situaciones externas. Somos como niños que se emocionan al construir un castillo de arena en la playa, pero se ponen a llorar cuando las olas lo destruyen. Por medio de la meditación, aprendemos a crear un espacio en nuestro interior y una claridad mental que nos permiten controlar nuestra mente sin que nos afecten las circunstancias externas. De manera gradual, adquirimos una estabilidad mental que nos permite estar siempre felices, en lugar de oscilar entre los extremos de la euforia y el desaliento.

Si practicamos la meditación con regularidad, finalmente lograremos eliminar las perturbaciones mentales, la causa de todos nuestros problemas y sufrimientos. De este modo, disfrutaremos de paz interna permanente. A partir de entonces, día y noche, vida tras vida, solo experimentaremos paz y felicidad.

Al principio, aunque nos parezca que no avanzamos en la meditación, debemos recordar que solo con intentar practicarla estamos creando el karma mental para disfrutar de paz interior en el futuro. La felicidad de esta vida y de las futuras depende de nuestra experiencia de paz interior, que a su vez lo hace de la acción mental de la meditación. Puesto que la paz interior es la fuente de toda felicidad, la práctica de la meditación es muy importante.

CÓMO COMENZAR A MEDITAR

La primera etapa de la meditación consiste en disipar las distracciones y lograr cierta claridad y lucidez mentales. Esto puede lograrse con un ejercicio sencillo de respiración. Primero elegimos un lugar tranquilo para meditar y nos sentamos en la postura tradicional, con las piernas cruzadas una sobre la otra, o en cualquier otra posición que nos resulte cómoda. Si lo preferimos, nos podemos sentar en una silla. Lo más importante es mantener la espalda recta para evitar caer en un estado de sopor o somnolencia.

Mantenemos los ojos entreabiertos y enfocamos nuestra atención en la respiración. Respiramos con naturalidad a través de los orificios nasales, sin pretender controlar este proceso, e intentamos ser conscientes de la sensación que produce el aire al entrar y salir por la nariz. Esta sensación es nuestro objeto de meditación. Nos concentramos en él e intentamos olvidar todo lo demás.

Al principio, descubriremos que nuestra mente está muy ocupada y es posible que pensemos que la meditación la agita todavía más, pero, en realidad, lo que ocurre es que comenzamos a darnos cuenta del estado mental en que nos encontramos normalmente. Además, tenderemos a seguir los diferentes pensamientos que vayan surgiendo, pero hemos de intentar evitarlo y concentrarnos en la sensación que se produce al respirar. Si descubrimos que nuestra mente se distrae con pensamientos e ideas, hemos de volver de inmediato a la respiración. Repetimos este ejercicio tantas veces como sea necesario hasta que la mente se concentre en la respiración.

Si practicamos de este modo con paciencia, nuestras distracciones irán disminuyendo y experimentaremos una sensación de serenidad y relajación. Nuestra mente se volverá lúcida y espaciosa, y nos sentiremos restablecidos. Cuando el mar está encrespado, el sedimento del fondo se agita y el agua se enturbia; pero cuando el viento cesa, el lodo se deposita en el fondo de manera gradual y el agua se vuelve transparente. Del mismo modo, cuando por medio de la concentración en la respiración logramos calmar el flujo incesante de las distracciones, nuestra mente se vuelve especialmente lúcida y clara. Entonces, intentamos permanecer en ese estado de calma mental durante un tiempo.

Aunque este ejercicio de respiración no es más que una etapa preliminar de la meditación, resulta muy eficaz. Esta práctica es una prueba de que podemos experimentar paz interior y satisfacción con solo controlar la mente, sin tener que depender de las condiciones externas. Cuando la turbulencia de las distracciones disminuye y nuestra mente se calma, surge de forma natural en nuestro interior un sentimiento profundo de felicidad y satisfacción que nos ayuda a hacer frente al ajetreo y las dificultades de la vida diaria. La mayoría de las tensiones que sufrimos tienen su origen en la mente, y muchos de nuestros problemas, incluida la mala salud, son provocados o agravados por el estrés. Con solo practicar la meditación en la respiración durante diez o quince minutos al día, podremos reducir nuestro estrés. Entonces, experimentaremos una gran sensación de tranquilidad y bienestar, y la mayoría de nuestros problemas cotidianos se desvanecerán. Sabremos manejar mejor las situaciones difíciles, nos sentiremos más cerca de los demás, seremos más atentos con ellos y nuestras relaciones mejorarán.

Hemos de adiestrarnos en esta meditación preliminar hasta reducir las distracciones burdas, y luego practicar las veintiuna meditaciones que se exponen en el Nuevo manual de meditación. Para realizar estas meditaciones, comenzamos calmando la mente con este ejercicio de respiración tal y como se ha descrito, y continuamos con las meditaciones analíticas y de emplazamiento siguiendo las instrucciones que correspondan en cada caso.

Conocimientos básicos que se requieren para meditar

Para practicar las meditaciones que se exponen en los siguientes capítulos es imprescindible creer en la reencarnación y en el karma. Por ello, a continuación se describe con brevedad el proceso de la muerte y el renacimiento, y los diversos lugares donde podemos renacer.

La mente no es un objeto material ni un subproducto de procesos físicos, sino una entidad continua e inmaterial distinta del cuerpo. Cuando el cuerpo deja de realizar sus funciones en el momento de la muerte, la mente continúa existiendo. Aunque nuestra mente consciente superficial cesa, lo hace disolviéndose en un plano de consciencia más profundo –la mente muy sutil–, cuyo continuo no tiene principio ni fin. Esta es la mente que se transforma en la mente omnisciente de un Buda cuando la purificamos por completo.

Las acciones que efectuamos imprimen huellas en nuestra mente muy sutil que, al cabo del tiempo, producen sus correspondientes resultados. Nuestra mente se puede comparar con un campo de siembra, y las acciones que realizamos, con las semillas que en él se plantan. Las acciones virtuosas son las semillas de nuestra felicidad futura, y las perjudiciales, las de nuestro sufrimiento. Estas semillas permanecen latentes en nuestra mente hasta que se reúnen las condiciones necesarias para su germinación. Además, en algunos casos, desde que se realiza la acción original hasta que maduran sus consecuencias, pueden transcurrir varias vidas.

Las semillas que brotan en el momento de nuestra muerte son muy importantes porque determinan la clase de renacimiento que nos espera. El que madure un tipo u otro de semillas durante la muerte depende del estado mental en que nos encontremos en ese momento. Si morimos de manera apacible, germinarán las semillas virtuosas y, como resultado, renaceremos en un reino afortunado; pero si lo hacemos con una mente alterada, por ejemplo enfadados, se activarán las semillas perjudiciales y renaceremos en un reino desafortunado. Esto es similar a cuando nos dormimos con una mente agitada e intranquila y tenemos pesadillas y malos sueños.

La elección de esta analogía no es casual porque, en realidad, el proceso de dormir, soñar y despertar es semejante al de la muerte, el estado intermedio y el renacimiento. Cuando nos dormimos, los aires internos burdos se reúnen y disuelven en el chakra del corazón, en el canal central, y la mente se vuelve cada vez más sutil hasta que se transforma en la mente muy sutil de la luz clara del dormir. Cuando esta se manifiesta, experimentamos el sueño profundo y parece como si estuviésemos muertos. Cuando este estado cesa, la mente se vuelve cada vez más burda y experimentamos las diversas fases del sueño. Finalmente, recuperamos el poder de la memoria y el control mental, y nos despertamos. Cuando esto ocurre, el mundo onírico desaparece y percibimos el mundo de vigilia.

Cuando nos morimos, ocurre un proceso similar. Al morir, los aires internos se disuelven en nuestro interior y nuestra mente se vuelve cada vez más sutil, hasta que se manifiesta la mente muy sutil de la luz clara de la muerte. La experiencia de la luz clara de la muerte es muy parecida a la del sueño profundo. Cuando la luz clara de la muerte cesa, experimentamos las etapas del estado intermedio o bardo en tibetano, que es como un estado onírico que ocurre entre la muerte y el renacimiento. Al cabo de unos días o semanas, el estado intermedio cesa y, entonces, renacemos. Al despertar de un sueño, el mundo onírico desaparece y percibimos el mundo del estado de vigilia. Del mismo modo, cuando renacemos, las apariencias del estado intermedio cesan y percibimos el mundo de nuestra nueva vida.

La diferencia principal entre el proceso de dormir, soñar y despertar, y el de la muerte, el estado intermedio y el renacimiento, consiste en que cuando la luz clara del dormir cesa, se mantiene la conexión entre la mente y el cuerpo, mientras que cuando la luz clara de la muerte cesa, esta conexión se rompe.

Durante el estado intermedio experimentamos diferentes visiones que son el resultado de las semillas kármicas que se activaron justo en el momento anterior a nuestra muerte. Si estas semillas fueron perjudiciales, sufriremos experiencias similares a pesadillas, pero si fueron virtuosas, estas visiones serán por lo general agradables. En ambos casos, cuando las semillas kármicas maduren, nos impulsarán a renacer en uno de los seis reinos del samsara.

Estos seis reinos son lugares donde podemos renacer y son el resultado de nuestras acciones o karma. Hay tres clases de acciones: físicas, verbales y mentales. Puesto que todas las actividades físicas y verbales son precedidas por acciones mentales, podemos afirmar que en realidad los seis reinos son creados por la mente. Por ejemplo, el reino de los infiernos es el lugar en el que renacemos como consecuencia de las acciones más destructivas, las cometidas bajo la influencia de los estados mentales más perturbados, como matar o causar daños físicos y mentales con crueldad.

Para tener una imagen clara del samsara con sus seis reinos, vamos a compararlo con una gran mansión de seis plantas. En esta analogía, la mansión simboliza la existencia cíclica o ciclo de renacimientos contaminados al que están sometidos los seres ordinarios sin elección ni control. Esta casa tiene una planta baja, dos pisos y tres sótanos, y la ocupan los seres sintientes, que suben y bajan sin cesar, residiendo unas veces en las plantas superiores, y otras, en las inferiores.

La planta baja se corresponde con el reino humano. En el primer piso está el reino de los semidioses, seres no humanos que están en guerra permanente contra los dioses. Desde el punto de vista de su poder y prosperidad, los semidioses son superiores a los humanos, pero están tan obsesionados por los celos y la violencia, que sus vidas poseen escaso valor espiritual.

El segundo piso lo habitan las distintas clases de dioses. Los dioses inferiores, los del reino del deseo, disfrutan de una vida de holgura y placer, y dedican el tiempo al goce de los sentidos. Aunque su mundo es paradisíaco y gozan de gran longevidad, no son inmortales y tarde o temprano vuelven a renacer en los reinos inferiores. Sus vidas están llenas de distracciones y no sienten inclinación por la práctica de Dharma, las enseñanzas de Buda. Por esta razón, desde el punto de vista espiritual, la existencia humana es superior a la suya.

Por encima de los dioses del reino del deseo se encuentran los del reino de la forma y los del reino inmaterial. Los dioses del reino de la forma tienen cuerpos de luz, han superado el deseo sensual y experimentan el gozo sublime de la absorción meditativa. En un nivel superior al de estas formas sutiles están los dioses del reino inmaterial, que carecen de cuerpo físico y permanecen en un estado de consciencia sutil similar al espacio infinito. Aunque sus mentes son las más elevadas y puras dentro de la existencia cíclica, no han eliminado la ignorancia del aferramiento propio, la raíz del samsara, y por ello, cuando terminan sus vidas, vuelven a renacer en los reinos inferiores después de disfrutar de gozo durante eones. Al igual que las otras clases de dioses, consumen los méritos o buena fortuna que habían acumulado en vidas anteriores y no logran ningún progreso espiritual.

Se dice que la planta baja y los pisos superiores son reinos afortunados porque las experiencias de los seres que renacen en ellos son placenteras como consecuencia de haber practicado la virtud. En los sótanos se encuentran los tres reinos inferiores, que son el resultado de las malas acciones físicas, verbales y mentales. El reino animal, representado en esta analogía por el primer sótano, es el menos terrible de los tres. En él habitan los mamíferos con excepción del hombre, y también las aves, los peces, los insectos y los gusanos, es decir, todo los animales. Su existencia está dominada por el miedo y la brutalidad, y se caracterizan por su gran estupidez y falta de consciencia espiritual.

En el segundo sótano habitan los espíritus ávidos o hambrientos. Las causas principales para renacer en este reino de pobreza y miseria son la avaricia y las acciones perjudiciales motivadas por ella. Estos seres viven en inmensos desiertos áridos y padecen hambre y sed insoportables durante mucho tiempo. Si consiguen encontrar restos de alimentos o alguna gota de agua, al aproximarse desaparecen como un espejismo o se convierten en un montón repulsivo de heces y orina. Estas apariencias son el resultado de su karma negativo y falta de méritos.

En el último sótano está el reino de los infiernos, cuyos habitantes padecen los más horribles sufrimientos. Existen diferentes clases de infiernos, unos son masas asfixiantes de fuegos candentes, y otros, extensas regiones heladas, desiertas y oscuras. Monstruos aterradores creados por la propia mente de los seres de los infiernos les infligen las más horrendas torturas. Su sufrimiento continúa sin cesar y parece interminable, y cuando por fin se consume su karma negativo, mueren y renacen en otro lugar del samsara.

Esta es una descripción general del samsara. Los seres sintientes estamos atrapados en él desde tiempo sin principio, vagando sin rumbo, elección ni control desde el más profundo de los infiernos hasta el más elevado de los reinos celestiales. Unas veces habitamos en los pisos más elevados de los dioses y otras nacemos como humanos en la planta baja, aunque casi siempre residimos en uno de los sótanos padeciendo horribles sufrimientos físicos y tremenda agonía mental.

Aunque el samsara es como una prisión, existe una puerta por donde escapar, y esta es la vacuidad, la naturaleza última de los fenómenos. Si nos adiestramos en los caminos espirituales que se describen en el presente libro, encontraremos esta puerta, y al traspasarla descubriremos que la mansión del samsara no es más que una ilusión de nuestra mente impura. El samsara no es una prisión externa, sino una creación de nuestra propia mente. Nunca terminará por sí solo, pero si seguimos con diligencia un camino espiritual verdadero, podemos eliminar nuestra mente ignorante de aferramiento propio y las demás perturbaciones mentales, y liberarnos del samsara. Cuando alcancemos la liberación, podremos enseñar a los demás cómo eliminar sus engaños y acabar con su propio encarcelamiento mental.

Si practicamos las veintiuna meditaciones que se presentan en este libro, eliminaremos de manera gradual los estados mentales perturbados que nos mantienen presos en la existencia cíclica, y cultivaremos las cualidades necesarias para alcanzar la iluminación total. Las primeras seis meditaciones constituyen el método principal para generar la mente de renuncia, la determinación de escapar del samsara. Las doce meditaciones siguientes nos ayudan a cultivar las mentes de amor y compasión sinceros hacia todos los seres sintientes, y a reconocer que para liberar a los demás del samsara, primero hemos de escaparnos de él nosotros mismos. El obstáculo principal para alcanzar la liberación y la iluminación es la mente de aferramiento propio, nuestra manera errónea y arraigada de concebir la existencia de los fenómenos. La función principal de las dos siguientes meditaciones es vencer y eliminar esta falsa concepción. La última meditación es el método para adquirir una experiencia profunda de las anteriores veinte meditaciones.

La práctica de la meditación

Cada una de las veintiuna prácticas de meditación consta de cinco partes: preparación, contemplación, meditación, dedicación y práctica subsiguiente. Las instrucciones de estas veintiuna prácticas de meditación se denominan etapas del camino o Lamrim. Las realizaciones de estas meditaciones son los caminos espirituales propiamente dichos, que nos conducen a la gran liberación o iluminación total.

La primera parte, las prácticas preparatorias, nos prepara para tener éxito en la meditación, pues con ellas purificamos los obstáculos causados por las acciones perjudiciales que cometimos en el pasado, acumulamos méritos o buena fortuna y recibimos bendiciones de los seres iluminados. Las prácticas preparatorias son muy importantes para alcanzar una experiencia profunda de estas meditaciones. Por ello, podemos comenzar cada sesión de meditación con las Oraciones para meditar, que se encuentran en el apéndice 1. En el apéndice 2 se puede encontrar un comentario a estas prácticas.

El objetivo de la segunda parte, la contemplación o meditación analítica, es generar en la mente el objeto de la meditación de emplazamiento por medio de razonamientos, analogías y reflexiones sobre el significado de las enseñanzas. Es conveniente memorizar las contemplaciones que se presentan en cada sección para poder meditar sin tener que remitirnos al texto. Estas reflexiones solo son líneas directrices que debemos enriquecer con razonamientos complementarios, analogías y otros ejemplos que nos resulten útiles.

Cuando obtengamos una imagen clara del objeto como resultado de la contemplación, debemos abandonar la meditación analítica y concentrarnos de manera convergente en él. Esta concentración convergente es la tercera de las cinco partes: la meditación propiamente dicha.

Al comienzo de nuestro adiestramiento en la meditación, nuestra concentración es, por lo general, muy débil, nos distraemos con facilidad y olvidamos constantemente el objeto de meditación. Por ello, al principio probablemente tendremos que alternar la contemplación con la meditación de emplazamiento varias veces en cada sesión. Por ejemplo, para meditar en la compasión, comenzamos reflexionando sobre los diversos sufrimientos de los seres sintientes hasta que sintamos una intensa compasión por ellos. Cuando esta surja, nos concentramos en ella de manera convergente. Si este sentimiento se debilita o nuestra mente se distrae, volvemos a la meditación analítica para recuperarlo. Cuando lo hayamos recuperado, dejamos la meditación analítica y nos concentrarnos otra vez en él de manera convergente.

La contemplación y la meditación sirven para familiarizar la mente con objetos virtuosos. Cuanto más nos identifiquemos con ellos, de mayor paz mental disfrutaremos. Si nos adiestramos en la meditación con sinceridad y nuestro modo de vida es consecuente con lo que hemos aprendido y con las decisiones tomadas durante la meditación, lograremos mantener siempre una mente tranquila y apacible durante toda la vida. Instrucciones más detalladas sobre la contemplación y la meditación pueden encontrarse en Transforma tu vida y El camino gozoso de buena fortuna.

Al final de cada sesión dedicamos los méritos acumulados durante la meditación para el logro de la Budeidad. Si no dedicamos los méritos, el odio puede destruirlos con facilidad, pero si recitamos sinceramente la oración de dedicación al final de cada sesión, nos aseguramos de no perder la virtud que hemos acumulado y la convertimos en causa para alcanzar la iluminación.

La quinta parte de cada meditación es la práctica subsiguiente, que consiste en integrar la meditación en la vida diaria siguiendo ciertos consejos. Debemos recordar que el Dharma no solo hay que practicarlo cuando nos sentamos en un cojín de meditación, sino que tenemos que integrarlo por completo en nuestra vida. Es muy importante que no haya distanciamiento entre nuestra práctica de meditación y su aplicación en la vida diaria, porque el éxito en la meditación depende de la pureza de nuestra conducta fuera de ella. Por lo tanto, debemos observar nuestra mente en todo momento aplicando la retentiva mental, la vigilancia y la recta conducta, y procurando abandonar los malos hábitos. La experiencia profunda de Dharma es el resultado de un adiestramiento práctico durante mucho tiempo tanto en las sesiones de meditación como fuera de ellas. Por lo tanto, hemos de practicar con constancia y paciencia, y sin esperar obtener resultados inmediatos.

En resumen, nuestra mente es como un campo de siembra. Con las prácticas preparatorias lo acondicionamos limpiándolo de los obstáculos de las acciones perjudiciales que cometimos en el pasado, fertilizándolo con la acumulación de méritos y regándolo con las bendiciones de los seres sagrados. La contemplación y la meditación son la siembra de buenas semillas, y la dedicación y la práctica subsiguiente, los métodos para hacer madurar la cosecha de las realizaciones de Dharma.

Las instrucciones del Lamrim no se imparten solo para lograr un entendimiento intelectual del camino hacia la iluminación, sino para adquirir una profunda experiencia de Dharma y, por lo tanto, deben ponerse en práctica. Si nos adiestramos a diario en estas meditaciones, alcanzaremos todas las realizaciones de las etapas del camino. Mientras tanto, debemos escuchar las enseñanzas del Lamrim transmitidas oralmente, leer comentarios de autoridad, y contemplarlos y meditar sobre ellos. Es importante que ampliemos nuestra comprensión de estos temas y apliquemos nuevos conocimientos para enriquecer nuestra meditación diaria.

Si deseamos de verdad lograr la experiencia de las etapas del camino, debemos meditar a diario. El primer día podemos hacerlo sobre nuestra preciosa existencia humana, el segundo, sobre la impermanencia y la muerte, y continuar de este modo hasta completar el ciclo en veintiún días, y luego volver a comenzar de nuevo. Entre sesiones no debemos olvidar las instrucciones de la práctica subsiguiente. Además, de vez en cuando, si nuestras obligaciones lo permiten, es aconsejable hacer un retiro de meditación sobre el Lamrim. En el apéndice 4 se presenta un programa para hacer retiros. Si practicamos de esta manera, dedicaremos nuestra vida a mejorar la experiencia de las etapas del camino.