Capítulo 1: Introducción
Prefacio
Todos los seres humanos tenemos un mismo deseo en común: ser felices y no experimentar sufrimiento. Incluso los recién nacidos, animales e insectos también lo tienen. Éste ha sido nuestro deseo principal desde tiempo sin principio y lo sigue siendo en todo momento, incluso cuando dormimos. Dedicamos toda nuestra vida a trabajar duramente para satisfacerlo.
Desde los orígenes de este mundo, los seres humanos han dedicado mucho tiempo y energía a mejorar sus condiciones externas, buscando así felicidad y soluciones a sus muchos problemas. Pero ¿cuál ha sido el resultado? En vez de ver cumplidos sus deseos, los seres humanos han presenciado cómo su sufrimiento ha ido en aumento, al tiempo que disminuyen cada vez más sus experiencias de paz y felicidad. Ello demuestra claramente que nos urge encontrar un verdadero método con el que podamos lograr una felicidad pura y liberarnos del sufrimiento.
El medio verdadero para alcanzar la felicidad pura y la liberación del sufrimiento es la práctica de Dharma. Todas nuestras insatisfacciones y dificultades son el resultado de nuestra mente incontrolada y de las acciones perjudiciales que cometemos. Poniendo en práctica el Dharma podemos aprender a apaciguar y controlar nuestra mente, y a abandonar las acciones indebidas y su causa principal. De este modo podremos alcanzar una paz permanente, la cesación verdadera de todo nuestro sufrimiento.
El Dharma supremo del adiestramiento de la mente (tib. Loyong) es un método insuperable para controlar la mente en el que se revela, además, el camino principal que conduce a la iluminación. Existen muchas instrucciones de Loyong, como las recopiladas en el texto conocido como Cien prácticas del adiestramiento de la mente. En este libro, Compasión universal, se explica cómo poner en práctica las instrucciones de Loyong que el Bodhisatva Gueshe Chekhaua expone en su texto raíz Adiestramiento de la mente en siete puntos. Estos siete puntos son:
- Prácticas preliminares del adiestramiento de la mente.
- Práctica principal: adiestramiento en las dos bodhichitas.
- Cómo transformar las circunstancias adversas en el camino a la iluminación.
- Cómo integrar todas nuestras prácticas diarias.
- Indicaciones de progreso en el adiestramiento de la mente.
- Los compromisos del adiestramiento de la mente.
- Los preceptos del adiestramiento de la mente.
Tener la oportunidad de practicar esta preciosa y profunda enseñanza es mucho más importante que recibir todas las joyas preciosas que hay en este mundo. Si comprendemos que escuchar las enseñanzas presentadas en este excelente Dharma, leerlas, estudiarlas, contemplarlas y ponerlas en práctica posee un valor incalculable, nos dedicaremos a ello con todo nuestro corazón, fe y entusiasmo.
El linaje y las cualidades del adiestramiento de la mente
EL LINAJE Y LAS CUALIDADES ESPECIALES DE ESTAS ENSEÑANZAS
Estas instrucciones tienen su origen en Buda Shakyamuni. Él las transmitió a Manyhushri y éste a Shantideva. De Shantideva fueron pasando, a través de una cadena ininterrumpida de Maestros realizados, hasta llegar a Elladari, Viravajra, Ratnashri, Serlingpa, Atisha, Dromtompa, Gueshe Potoua, Gueshe Sharaua y Gueshe Chekhaua sucesivamente. Este último fue quien compuso el texto Adiestramiento de la mente en siete puntos y difundió el estudio y la práctica del adiestramiento de la mente por todo el Tíbet. Impartió estas enseñanzas al Bodhisatva Chilbupa, y así se fueron transmitiendo a través de diversos Maestros hasta llegar a Yhe Tsongkhapa.
A partir de las anotaciones efectuadas por varios de los discípulos de Gueshe Chekhaua se recopilaron diversas versiones del texto raíz. Más tarde, Yhe Tsongkhapa impartió enseñanzas sobre el Adiestramiento de la mente en siete puntos y, sin entrar en contradicción con otras fuentes, clarificó el sentido de estas instrucciones según la visión e intención de Gueshe Chekhaua y de Atisha. Las anotaciones de los discípulos de Yhe Tsongkhapa fueron recogidas en un texto conocido como Los rayos del sol del adiestramiento de la mente, considerado como uno de los comentarios de mayor autoridad sobre este tema. La versión del texto raíz utilizada en este libro es la recopilada por Yhe Pabongkhapa, y está basada en escrituras como Los rayos del sol del adiestramiento de la mente y Esencia del néctar del adiestramiento de la mente, entre otras. Desde Yhe Pabongkhapa las instrucciones del adiestramiento de la mente se han ido transmitiendo a través de un linaje ininterrumpido hasta llegar a los Maestros de nuestros días.
Homenaje a la Gran Compasión.
Esta instrucción semejante a la esencia del néctar fue transmitida por Serlingpa.
Gueshe Chekhaua comienza el texto raíz rindiendo homenaje a la gran compasión. Su intención es demostrar que, puesto que todos los Budas y Bodhisatvas han nacido de la madre –la mente de gran compasión–, todo aquél que desee convertirse en un Buda o en un Bodhisatva ha de considerar la compasión como su práctica principal.
En la segunda línea se comparan estas instrucciones del adiestramiento de la mente con la esencia del néctar. El néctar del que los dioses y algunos humanos disfrutan produce sólo un placer limitado, mientras que las instrucciones del adiestramiento de la mente pueden proporcionar el gozo extraordinario de la iluminación total.
En la tercera línea se indica que de entre las muchas instrucciones que Atisha recibió y que fueron transmitidas a Gueshe Chekhaua a través de Dromtompa y otros Maestros, esta enseñanza en particular proviene de su Guía Espiritual Serlingpa.
Se dice que Gueshe Chekhaua perteneció originalmente a la tradición más antigua del budismo tibetano, llamada ñingma. Aunque bien versado en las enseñanzas tanto de ésta como de las nuevas tradiciones de Dharma, no estaba del todo satisfecho con su propia sabiduría. Recibió enseñanzas de Rechungpa, uno de los discípulos principales de Milarepa, y más tarde también del Maestro kadampa Gueshe Chagshimpa. Un día, Gueshe Chekhaua encontró en la habitación de Gueshe Chagshimpa un pequeño texto titulado Ocho versos del adiestramiento de la mente. Dos de las líneas del sexto verso llamaron especialmente su atención. Decían así:
«Pueda aceptar la derrotaA pesar de que ya poseía un profundo conocimiento de Dharma, Gueshe Chekhaua se quedó profundamente impresionado por estas palabras y, deseando desentrañar su verdadero significado, preguntó a Gueshe Chagshimpa cuál era el nombre del autor. Éste contestó que Gueshe Langri Tangpa había escrito el texto. Al oírlo, generó un ardiente deseo de recibir enseñanzas de Gueshe Langri Tangpa y con esta intención emprendió el viaje a Lhasa, la capital del Tíbet, donde esperaba encontrarlo. Cuando llegó a esta ciudad y le informaron de que Gueshe Langri Tangpa había fallecido, decidió ir en busca de alguno de sus discípulos para que le revelara el significado de este verso. Se encontró con un hombre de la provincia de Lang Tang que le habló de Gueshe Sharaua, uno de los discípulos principales de Gueshe Langri Tangpa. Alentado por esta noticia, Gueshe Chekhaua se fue en busca de Gueshe Sharaua. Lo encontró dando enseñanzas de filosofía ante una numerosa audiencia. Gueshe Chekhaua escuchó las enseñanzas, que se prolongaron durante varios días, pero en ellas nunca se llegó a mencionar la práctica de aceptar la derrota y ofrecer la victoria a los demás. Terminadas las enseñanzas, Gueshe Chekhaua se dirigió a Gueshe Sharaua, que estaba dando vueltas alrededor de una estupa, y tendiendo su manto sobre el suelo a modo de asiento le dijo: «Siéntese, por favor, tengo algo que preguntarle.» Gueshe Sharaua repuso con cierta brusquedad: «Acabo de dar enseñanzas muy detalladas desde el trono. ¿Es que no las has comprendido?» Gueshe Chekhaua contestó: «Quiero hacerle una pregunta muy especial.» Gueshe Sharaua aceptó entonces el asiento que se le ofrecía y Gueshe Chekhaua continuó: «¿Qué importancia tiene la práctica de aceptar la derrota y ofrecer la victoria a los demás?» Gueshe Sharaua repuso: «Para quien desee alcanzar la iluminación, esta práctica es imprescindible.» Gueshe Chekhaua le pidió que mencionara algunas escrituras de autoridad que se refirieran a esta práctica, y Gueshe Sharaua citó las dos líneas siguientes extraídas de La preciosa guirnalda de consejos para el rey de Nagaryhuna:
y ofrecer la victoria a los demás.»
«Que todas sus acciones perjudiciales maduren en míEn estas palabras se encuentra de manera implícita el deseo de aceptar la derrota y ofrecer la victoria a los demás. Gueshe Sharaua aludió además a otras fuentes, lo que acabó de convencer a Gueshe Chekhaua de la autenticidad de esta enseñanza. Entonces le suplicó que le diera todas las instrucciones necesarias para seguir esta práctica. Gueshe Sharaua le dijo: «Si puedes quedarte conmigo durante unos cuantos años, te las enseñaré.» Gueshe Chekhaua permaneció doce años junto a él, y al cabo de los seis primeros ya había conseguido un gran dominio en el adiestramiento de su mente. Los demás Gueshes kadampas consideraban que había alcanzado el camino mahayana de la visión, puesto que carecía por completo de la mente egoísta de autoestima.
y todas mis virtudes en ellos.»
Hasta entonces, las instrucciones del adiestramiento de la mente se habían mantenido en secreto, sin enseñarlas en público. Puesto que se requiere cierto nivel de fe para practicar el Loyong, Gueshe Sharaua impartió al principio estas enseñanzas sólo a sus discípulos más cercanos y receptivos.
Por aquel tiempo, la enfermedad de la lepra se había extendido por el Tíbet y los médicos eran incapaces de curarla. Gueshe Chekhaua se encontró con varios leprosos y decidió instruirles en la práctica del adiestramiento de la mente, en particular en la de tomar y dar. Gracias a estas instrucciones muchos de ellos consiguieron curarse rápidamente. Las noticias de lo ocurrido se difundieron con rapidez y muchos otros enfermos fueron a ver a Gueshe Chekhaua, por lo que al poco tiempo su casa parecía haberse convertido en un hospital. Por esta razón, las enseñanzas de Gueshe Chekhaua se hicieron famosas entre los tibetanos como «el Dharma contra la lepra».
Gueshe Chekhaua tenía un hermano que carecía de fe en él y sentía un profundo rechazo por el Dharma. Un día, este hermano escuchó por casualidad algunas de las enseñanzas del adiestramiento de la mente que Gueshe Chekhaua estaba impartiendo a los leprosos y, a pesar de su escepticismo, se quedó muy impresionado. Pasado algún tiempo, Gueshe Chekhaua notó ciertos cambios en el comportamiento de su hermano que indicaban que estaba poniendo en práctica las instrucciones del adiestramiento de la mente. Gueshe Chekhaua pensó que si un incrédulo como su hermano era capaz de obtener provecho de estas enseñanzas, con toda seguridad muchas otras personas podrían también beneficiarse de ellas, y decidió que no era apropiado seguir manteniéndolas en secreto por más tiempo. Así pues, con el sincero deseo de ayudar a todos los seres sintientes, Gueshe Chekhaua compuso el texto Adiestramiento de la mente en siete puntos. Gracias a su gran bondad al componer este texto y enseñarlo abiertamente, ahora tenemos la oportunidad de recibir estas instrucciones y de ponerlas en práctica. Por lo tanto, debemos recordar con agradecimiento su infinita bondad.
Es como un diamante, el sol y un árbol medicinal.
En la cuarta línea del texto de Gueshe Chekhaua se muestran las grandes cualidades de estas instrucciones al compararlas con un diamante, con el sol y con un árbol medicinal. La mayoría de los objetos preciosos pierden su valor si se rompen, pero aunque se corte un diamante en pequeños fragmentos, por muy pequeños que éstos sean, siguen poseyendo un gran valor. En este sentido, las enseñanzas del adiestramiento de la mente son como un diamante, porque a pesar de que lo mejor sería que nos ejercitáramos en todas las prácticas del adiestramiento de la mente, aunque practiquemos sólo algunas de ellas también recibiremos beneficios. De la misma forma en que tendríamos mucho cuidado de no perder ni el más pequeño de los fragmentos de un diamante, tampoco deberíamos ignorar ninguna de las instrucciones del adiestramiento de la mente por breve que sea.
Así como la luz del sol disipa por completo la oscuridad pero incluso unos pocos de sus rayos bastan para alumbrar, si completamos la práctica del adiestramiento de la mente disiparemos por completo la oscuridad de nuestra ignorancia, y con sólo poner en práctica algunas de sus instrucciones reduciremos en cierta medida nuestra ignorancia y mente egoísta de autoestima.
Así como cada una de las partes de un árbol medicinal –las raíces, el tronco, las ramas, las hojas, las flores y los frutos– se pueden utilizar para hacer medicinas y curar enfermedades, con cada una de las instrucciones del adiestramiento de la mente se puede curar la enfermedad mental de los engaños. Las medicinas comunes pueden curar solamente las enfermedades físicas, pero la panacea del adiestramiento de la mente cura no sólo los males físicos, sino también los de la mente. Por esta razón se dice que esta práctica es «la medicina insuperable».
¿Cómo podemos cerciorarnos de que la práctica del adiestramiento de la mente posee en realidad todas estas cualidades? A esta pregunta responde Gueshe Chekhaua en la quinta línea de su texto:
El significado de este texto ha de ser conocido.
Una vez que hayamos comprendido el significado de estas instrucciones, hemos de ponerlas en práctica. Entonces descubriremos por propia experiencia todas las excelentes cualidades del adiestramiento de la mente. A menos que procedamos de este modo, nunca sabremos en realidad por qué estas instrucciones son «como un diamante, el sol y un árbol medicinal».
En la líneas sexta y séptima se revela el poder que el adiestramiento de la mente tiene para transformar las condiciones adversas en el camino espiritual a la iluminación:
El incremento de las cinco impurezas
será transformado en el camino hacia la iluminación.
Se dice que la era en la que nos encontramos se caracteriza por poseer cinco impurezas: la impureza del tiempo, la de los seres sintientes, la de las creencias, la de las perturbaciones mentales y la de la duración de la vida. La impureza del tiempo se refiere a la pobreza espiritual en la que estamos inmersos en la época en que vivimos. La espiritualidad ha ido sufriendo un continuo declive a lo largo del tiempo y hoy en día los seres humanos son muy pobres desde el punto de vista del desarrollo espiritual en comparación con los del pasado. En otros tiempos, numerosos seres eran espiritualmente tan avanzados que podían ver de manera directa a los Budas y Bodhisatvas. Muchos de ellos lograron la permanencia apacible y diversos tipos de clarividencias, como la clarividencia visual (la habilidad de ver formas distantes y sutiles), la auditiva (la habilidad de oír sonidos distantes y sutiles), el poder mental de conocer las mentes de los demás, y el de conocer vidas pasadas y futuras. Muchas personas desarrollaron poderes sobrenaturales, como los de emanar diferentes formas o volar por el cielo. Innumerables seres alcanzaron la liberación y la iluminación.
Con el paso del tiempo, cada vez son menos los seres que pueden ver de manera directa a los Budas y Bodhisatvas o alcanzar otras elevadas realizaciones espirituales. En la actualidad, los seres normales no son capaces de ver directamente a los seres iluminados. El mero hecho de que veamos a los demás como seres normales y corrientes es una indicación de la impureza de nuestros tiempos. A pesar de todo, con la práctica correcta del adiestramiento de la mente podemos hacer que las faltas e imperfecciones propias de la era en la que nos encontramos –que, por lo general, son la fuente de grandes dificultades y sufrimientos–, se conviertan en causas para el desarrollo de nuestro camino espiritual.
La impureza de los seres sintientes se refiere a ellos mismos. Hoy en día los seres experimentamos muy poca paz y felicidad, mientras que los peligros externos contra la vida son cada vez más numerosos. En comparación con los seres de antaño, nuestra naturaleza es mucho más tosca y nuestros sufrimientos y penas mucho mayores. Con cada nueva generación, los seres tienen menos control sobre sí mismos, son menos felices y están más ofuscados por la confusión. Hemos logrado una gran destreza en la fabricación de todo tipo de armas para hacer guerras y dañarnos los unos a los otros, pero carecemos de habilidad para obtener paz y felicidad. A pesar de que esto último es lo que todos deseamos, no hacemos más que causar conflictos y sufrimientos. Hemos hecho grandes progresos en la producción de objetos materiales, pero éstos no pueden proporcionarnos paz verdadera ni erradicar definitivamente nuestros sufrimientos. No obstante, si practicamos con sinceridad el adiestramiento de la mente, podremos transformar todas estas adversidades en causas para el desarrollo de nuestro camino a la iluminación.
La impureza de las creencias se refiere a la fuerte tendencia que se tiene hoy en día a aceptar y fomentar teorías erróneas o falsas, como la de no aceptar la existencia de vidas pasadas y futuras o de seres iluminados, el funcionamiento del karma, o la eficacia del Dharma. Si practicamos con pureza el adiestramiento de la mente, podremos eliminar todas estas falsas concepciones.
La impureza de las perturbaciones mentales se refiere a que nuestro enfado, apego e ignorancia son más poderosos y dañinos que los engaños que padecían las personas en otros tiempos, y por ello nuestro sufrimiento es mayor. Además, debido a que nos resulta difícil controlar nuestras perturbaciones mentales, nuestra práctica espiritual produce muy pocos resultados. No obstante, si nos dedicamos con sinceridad a la práctica del adiestramiento de la mente, podremos transformar los inconvenientes de estas perturbaciones mentales en causas para el camino espiritual.
La quinta impureza es la de la duración de la vida. Se dice que cuando Buda Krakuchanda apareció en este mundo los seres humanos vivían durante largos períodos de tiempo, unos ochenta mil años. En tiempos del segundo Buda, Buda Kanakamuni, la esperanza de vida de un ser humano disminuyó hasta unos cuarenta mil años, y en tiempos del tercer Buda, Buda Kashyapa, este período se redujo hasta unos veinte mil años. En tiempos del cuarto Buda, Buda Shakyamuni, el promedio de vida era de unos cien años. En las escrituras se menciona que este declive continuará hasta que la duración de la vida del ser humano sea de unos diez años. A pesar de todo, si dedicamos nuestra vida a poner en práctica el adiestramiento de la mente con sinceridad, podremos alcanzar la meta más elevada, la iluminación total, en un espacio de tiempo tan corto como la vida que ahora poseemos.
El motivo principal por el que hemos de ejercitarnos en estas instrucciones del adiestramiento de la mente es satisfacer nuestro deseo más profundo: obtener felicidad duradera y liberarnos de todos los sufrimientos. Este objetivo no puede lograrse con la manipulación de condiciones externas como, por ejemplo, acumulando riqueza material. Por muchas posesiones que adquiramos, nunca nos proporcionarán felicidad ni libertad duraderas. Por el contrario, a menudo la causa de nuestros problemas reside en nuestro afán por obtener objetos materiales. Si deseamos alcanzar la felicidad última y liberarnos del sufrimiento, debemos esforzarnos en las prácticas supremas del adiestramiento de la mente. Éste es el único modo de hacerlo.
Todos los seres sintientes poseen la semilla o naturaleza de Buda. El método con el cual podemos hacer que esta semilla madure es la práctica del adiestramiento de la mente. Nuestras verdaderas experiencias o realizaciones del adiestramiento de la mente son los caminos que nos conducen a la iluminación. Por lo tanto, es indispensable que todos los seres obtengan experiencia en esta práctica. Al final del Sutra conciso de la perfección de la sabiduría, Buda dice:
«He expuesto los caminos que conducen a la iluminación para que todos los seres sean capaces de recorrerlos.»

