Capítulo 1: Introducción
Paz interior
Todos los seres tienen un mismo deseo: encontrar la felicidad y evitar el sufrimiento, pero muy pocos conocen sus verdaderas causas. Por lo general, pensamos que los objetos externos, como la comida, los amigos, los coches o el dinero son verdaderas causas de felicidad y, en consecuencia, dedicamos la mayor parte de nuestro tiempo a intentar adquirirlos. Aunque a simple vista parece que estas condiciones nos hacen felices, si lo analizamos con detenimiento, nos daremos cuenta de que también nos ocasionan numerosos problemas y sufrimientos.
La felicidad y el sufrimiento son estados mentales opuestos. Por lo tanto, si algo es una causa verdadera de felicidad, no puede serlo también de sufrimiento. Si la comida, el dinero y demás objetos externos fueran verdaderas causas de felicidad, nunca producirían sufrimiento, pero sabemos por propia experiencia que esto no es cierto. Por ejemplo, la comida es uno de nuestros placeres favoritos, pero también es la causa de numerosas dolencias y enfermedades. Para fabricar los objetos que creemos que nos hacen felices, contaminamos el medio ambiente hasta el punto de convertir el aire que respiramos y el agua que bebemos en una amenaza para nuestra salud y bienestar. Nos gusta disfrutar de la libertad e independencia que nos proporcionan los coches, pero el coste en accidentes de tráfico y contaminación es enorme. Pensamos que el dinero es imprescindible para disfrutar de la vida, pero debemos soportar grandes dificultades para conseguirlo. Incluso nuestros familiares y amigos, con los que compartimos momentos agradables, pueden causarnos numerosas preocupaciones y sufrimiento.
En los últimos años, nuestro entendimiento y control del mundo externo han aumentado considerablemente y, como resultado, hemos presenciado un notable progreso material. Sin embargo, la felicidad del ser humano no se ha incrementado del mismo modo. Hoy día no hay menos sufrimientos ni menos infortunios en el mundo, incluso podría decirse que ahora experimentamos más problemas e infelicidad que nunca. Esto indica que la causa de la felicidad y la solución a nuestros problemas no se encuentran en el conocimiento y control del mundo externo.
¿Por qué? La felicidad y el sufrimiento son estados mentales y, por lo tanto, sus causas no pueden existir fuera de la mente. La verdadera causa de la felicidad es la paz interior. Si tenemos una mente apacible, seremos felices en todo momento, aunque las condiciones externas sean adversas, pero si estamos preocupados e inquietos, nunca seremos felices por muy favorables que estas sean. Las condiciones externas solo nos hacen felices si tenemos una mente apacible. Esto podemos entenderlo por propia experiencia. Por ejemplo, aunque vivamos en un lugar agradable y dispongamos de todo lo necesario, en cuanto nos enfadamos, dejamos de ser felices. Esto se debe a que el odio destruye la felicidad.
De lo dicho se deduce que si deseamos disfrutar de felicidad duradera, hemos de adquirir y mantener una experiencia especial de paz interior. La única manera de conseguirlo es adiestrar nuestra mente con la práctica espiritual para reducir de manera gradual nuestros estados mentales negativos y sustituirlos por mentes apacibles. Si cultivamos nuestra paz interior, finalmente la experimentaremos de manera permanente al alcanzar el nirvana. A partir de entonces, seremos felices tanto en esta vida como en las futuras, habremos resuelto todos nuestros problemas y llenado nuestra vida de significado.
Puesto que todos tenemos en nuestro interior una fuente inagotable de paz y felicidad, es posible que nos preguntemos por qué nos resulta tan difícil mantener un estado mental apacible y gozoso de manera continua. Esto se debe a que nuestra mente está siempre llena de engaños. Los engaños o perturbaciones mentales son percepciones distorsionadas de nosotros mismos, de los demás y del mundo que nos rodea, como un espejo defectuoso que no refleja la realidad. La perturbación mental del odio, por ejemplo, considera a algunas personas intrínsecamente desagradables, aunque en realidad nadie es así. Por otro lado, el apego considera que el objeto deseado es intrínsecamente atractivo y una fuente verdadera de felicidad. Si tenemos un intenso apego al chocolate, nos parecerá muy apetecible, pero cuando hayamos comido varias tabletas, empezaremos a sentirnos mal y es posible que incluso nos llegue a resultar repugnante. Esto demuestra que el chocolate en sí mismo no es deseable ni repugnante. La mente de apego atribuye cualidades atractivas a los objetos de deseo y nos induce a relacionarnos con ellos como si las poseyeran.
Todos los engaños actúan proyectando una versión distorsionada de la realidad y haciéndonos reaccionar como si esta proyección fuera cierta. Cuando nuestra mente está bajo su influencia, no percibimos la realidad y podría decirse que sufrimos alucinaciones. Puesto que nuestra mente está bajo la influencia de perturbaciones mentales sutiles en todo momento, no es de extrañar que nos sintamos frustrados tan a menudo. Es como si persiguiéramos un espejismo que nos decepciona constantemente al no proporcionarnos la satisfacción que esperamos.
Cuando las circunstancias son desfavorables y nos encontramos con dificultades, solemos pensar que la situación en sí misma es la causa de nuestros problemas, pero en realidad estos tienen su origen en la mente. Si respondiésemos ante las dificultades con una mente pacífica, no nos causarían problemas, sino que las consideraríamos como oportunidades para progresar en nuestro desarrollo personal. Los problemas solo aparecen cuando no sabemos reaccionar de manera constructiva ante las dificultades. Por lo tanto, si deseamos transformar nuestra vida y liberarnos de los problemas, debemos aprender a dominar nuestra mente. Los sufrimientos, los conflictos, las preocupaciones, la infelicidad y el dolor solo existen en la mente, no son más que sensaciones desagradables que forman parte de ella. Si controlamos y purificamos nuestra mente, podremos eliminarlas por completo.
Para comprender esto, hemos de conocer la relación entre la mente y los objetos externos. Todos los objetos, ya sean agradables, desagradables o neutros, son meras apariencias de la mente, como los que experimentamos en sueños. Al principio, esto nos resultará difícil de comprender, pero la siguiente analogía nos servirá de ayuda. Cuando estamos despiertos, percibimos diferentes fenómenos, pero cuando nos dormimos, cesan porque la mente que los percibe también cesa. Del mismo modo, cuando soñamos, lo único que percibimos son objetos oníricos, pero al despertarnos, estos cesan porque la mente del sueño que los percibe también cesa. Si lo analizamos con detenimiento, descubriremos que podemos hacer que desaparezcan los objetos que nos resultan desagradables abandonando nuestros estados mentales negativos y hacer que surja todo aquello que deseamos con solo generar una mente pura. Si eliminamos los engaños por medio de la práctica espiritual, colmaremos nuestro deseo de disfrutar de paz duradera.
Hemos de comprender que aunque las perturbaciones mentales están muy arraigadas en nuestra mente, no forman parte intrínseca de ella, por lo que es posible eliminarlas. Los engaños no son más que malos hábitos y, como tales, pueden reducirse. De momento, nuestra mente es como agua turbia, contaminada por las perturbaciones mentales. No obstante, al igual que es posible separar el agua del barro, también podemos liberar la mente de los engaños. Entonces, no habrá nada que pueda alterar nuestra paz interior y felicidad.
Desde tiempo sin principio hemos estado dominados por nuestra mente como si fuéramos marionetas. Somos sus siervos y cuando quiere que hagamos algo, no nos queda más remedio que hacerlo. En ocasiones, nuestra mente es como un elefante desbocado que nos crea innumerables problemas tanto a nosotros mismos como a los demás. Si nos adiestramos de manera sincera en la práctica espiritual, podremos cambiar esta situación y controlar nuestra mente. De este modo, disfrutaremos de verdadera libertad.
Para tener éxito en nuestra práctica espiritual, debemos recibir bendiciones e inspiración de aquellos que han alcanzado profundas realizaciones internas, pero también es importante levantar el ánimo en todo momento. Si no nos animamos nosotros mismos, ¿quién lo va a hacer? Cuando comprendamos con claridad que la paz interior es la verdadera fuente de felicidad y que por medio de la práctica espiritual podemos alcanzar estados cada vez más apacibles, sentiremos un gran entusiasmo por la práctica. Esto es muy importante porque para alcanzar la paz interior permanente del nirvana, tenemos que practicar con sinceridad y perseverancia.
Esto no significa que debamos descuidar las condiciones externas. Aunque la paz interior es importante, también lo es tener buena salud, y para ello necesitamos ciertas condiciones, como una alimentación sana y un alojamiento adecuado. Algunas personas solo se esfuerzan por mejorar su situación económica y olvidan su desarrollo espiritual, mientras que otras hacen justo lo contrario, pero lo mejor es evitar ambos extremos, el del materialismo y el del espiritualismo, y practicar el camino medio.
Hay quienes piensan que aquellos que se esfuerzan por alcanzar el nirvana son egoístas porque solo les interesa su propia tranquilidad, pero esto no es cierto. El verdadero propósito de alcanzar la paz interior permanente del nirvana es ayudar a los demás a que también lo consigan. Al igual que para solucionar nuestros problemas debemos encontrar paz interior, para ayudar a los demás a resolver los suyos hemos de animarlos a que sigan un camino espiritual y descubran su propia felicidad. Sin lugar a dudas, esta es la mejor manera de beneficiarlos, pero antes debemos adiestrar nuestra mente. Es inútil aconsejar a los demás que se esfuercen por eliminar sus engaños si no podemos controlar los nuestros. Si, por ejemplo, gracias al adiestramiento de la mente logramos pacificar o incluso eliminar por completo nuestro odio, podremos ayudar a los demás a controlar el suyo. De este modo, nuestros consejos no serán meras palabras vacías, sino que estarán respaldados por nuestra experiencia personal.
En ocasiones, podemos ayudar a los demás ofreciéndoles dinero u objetos materiales, pero hemos de recordar que la mejor manera de hacerlo es enseñándoles a eliminar sus engaños y a encontrar verdadera paz interior. Por medio de los avances tecnológicos y creando una sociedad más justa y humana se pueden mejorar algunos aspectos de la vida de las personas, pero esta clase de progreso también produce efectos no deseados. De este modo quizá les proporcionemos condiciones que les permitan aliviar sus problemas y dificultades de manera temporal, pero no podremos ofrecerles la verdadera felicidad permanente. Esto es debido a que la causa real de la felicidad es la paz interior, que solo se puede encontrar en la mente y no en las condiciones externas.
Sin paz interior, la paz externa es imposible. Todos deseamos que haya paz en el mundo, pero esto no ocurrirá hasta que encontremos paz en nuestras mentes. Aunque se envíen tropas para pacificar los conflictos bélicos, es imposible imponer la paz por las armas. Solo descubriendo la paz interior en nuestra mente y ayudando a los demás a hacer lo mismo podremos conseguir la paz mundial.
En el presente libro se exponen métodos profundos para el adiestramiento espiritual con los que podemos purificar y controlar nuestra mente. Si los ponemos en práctica, disfrutaremos de paz mental. Al mejorar esta experiencia, reduciremos los estados mentales perturbados y crecerá nuestra paz interior. Cuando nos liberemos por completo de nuestros engaños, habremos alcanzado la paz permanente del nirvana. Después de eliminar nuestras perturbaciones mentales, como el odio, el apego y la ignorancia, y alcanzar profundas realizaciones espirituales, como el amor universal, la compasión, la concentración y la sabiduría, nuestra habilidad para ayudar a los demás será mucho mayor. De este modo, podremos ayudarlos a solucionar sus problemas no solo de manera temporal, durante algunos días o años, sino para siempre, y encontrarán una paz interior que nadie ni nada, ni siquiera la muerte, podrá perturbar. ¡Qué maravilla!
