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Tesoro de contemplación

El modo de vida del Bodhisatva

Formato: Rústica
ISBN: 84-933148-0-3
Detalles: 1ª edición - mayo 2003; Traductora: Mariana Líbano, Colaborador: Javier Calduch; 444 páginas, 135 x 216 mm.
Precio: 19.95 $  
 
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Rústica
Muchas personas tienen el deseo compasivo de beneficiar a los demás, pero pocas saben cómo ponerlo en práctica en la vida diaria.

Los Bodhisatvas son amigos del mundo y su compasión es tan intensa que pueden beneficiar a los demás en todas sus actividades diarias.

El camino del Bodhisatva fue revelado en el universalmente admirado poema Guía de las obras del Bodhisatva, escrito por el maestro del siglo VIII Shantideva. En este comentario se muestra la efectividad y profundidad de este maravilloso poema aplicándolo al mundo moderno.

Este práctico manual es fundamental para aquellos que deseen seguir el modo de vida del Bodhisatva.

«Un tratado budista indispensable […] ningún estudiante serio de budismo puede permitirse el lujo de no leerlo.» — JOHN BLOFELD

Extracto de este libro:

Exposición extensa del poder del gozo

Debemos practicar el Dharma con alegría. Si nos dejamos vencer por las dificultades físicas o mentales, se debilitará nuestra capacidad para continuar la práctica. Por ejemplo, si al realizar un retiro de un mes nuestra mente está insatisfecha, lo más probable es que no deseemos repetirlo. La mayoría de estos obstáculos ocurren porque no sabemos adiestrarnos con moderación y nos esforzamos más allá de nuestras posibilidades. El resultado de practicar de esta manera no es más que sufrimiento.

Si practicamos el Dharma con alegría, experimentaremos felicidad y paz interior, y obtendremos resultados con rapidez. Como consecuencia, desearemos seguir practicando sin cesar. [63] Al igual que un deportista disfruta de su deporte y no desea abandonarlo, nosotros debemos practicar el Dharma aspirando a alcanzar realizaciones cada vez más elevadas.

[64] Debido a su ansia de felicidad, numerosas personas hacen negocios aunque no estén seguras de que vayan a tener éxito. Es posible que obtengan beneficios, pero también que se arruinen y fracasen. A pesar de las incertidumbres, estas personas trabajan con entusiasmo. Sin embargo, la práctica de Dharma siempre produce felicidad. Si algunas personas ponen esfuerzo en actividades cuyos resultados son dudosos, ¿por qué no practicamos con alegría y satisfacción un método que nunca nos va a decepcionar?

Debemos reflexionar sobre esto y comprobar si nuestras actividades producen siempre los resultados que esperamos. Por lo general, buscamos experimentar los cinco objetos de deseo: formas, sonidos, sabores, olores y objetos tangibles agradables. [65] Sin embargo, como dijo Buda Shakyamuni, estos objetos son como la miel en el filo de una navaja o como una flor venenosa. Si experimentamos estos objetos de deseo con intenso apego, seguiremos sufriendo para siempre en el samsara.

Si nos comemos un pastel que contiene veneno, es posible que no nos pongamos enfermos de inmediato. Al principio nos parecerá delicioso, pero pronto empezaremos a encontrarnos mal. De igual manera, cuando disfrutamos de los objetos de deseo con intenso apego, al principio obtenemos cierto placer, pero luego este disminuye y es reemplazado por la insatisfacción, la desesperación y el sufrimiento. El apego a los placeres mundanos nos cierra la puerta de la liberación y nos abre la de los reinos inferiores.

En otra analogía, Buda Shakyamuni comparó los objetos de deseo con el fuego. Si tenemos frío y nos acercamos a una hoguera, entraremos en calor, pero si tocamos el fuego, nos quemaremos. Del mismo modo, las polillas se sienten tan atraídas por la llama de las velas que mueren abrasadas. Por lo tanto, si tenemos apego a los pequeños placeres de los objetos de deseo, nunca alcanzaremos la verdadera felicidad de la iluminación y seguiremos experimentando decepción y sufrimiento.

Debemos recordar estas analogías y meditar sobre los inconvenientes del apego. Cuando perdamos la ilusión por los objetos de deseo, que producen placer temporal, pero sufrimiento duradero, hemos de hacernos la misma pregunta que Shantideva:

«¿Por qué no entro en el camino que conduce a la liberación, donde la palabra sufrimiento ni siquiera se conoce y donde encontraré felicidad temporal y última? Voy a realizar mis prácticas de Dharma con tanto entusiasmo como el elefante que, atormentado por el calor del mediodía, se sumerge en un lago de agua refrescante». [66]